Supervivencia en el Espacio
Written by Admin on September 11th, 2008¿Hasta que punto el hombre puede vivir en un medio en el que no existe la gravedad? La ciencia estudia los efectos que la permanencia en el espacio puede causar en el organismo humano
En 1950 los viajes del hombre a la luna y a los planetas del sistema solar parecían algo quimérico e irrealizable. Pocos podían sospechar entonces que en julio de 1969 millones de personas verían asombradas en sus televisores como Neil Armstrong y Buzz Aldrin daban sus primeros e inseguros pasos sobre la superficie lunar.
Los primeros tiempos de la era espacial no fueron fáciles. Se presentaban graves dificultades técnicas, como lo demuestra el elevado coste del programa espacial Apolo (unos 24.000 millones de dólares) y otras relacionadas con las necesidades y limitaciones del organismo humano. El hombre es una criatura terrestre, poco apta para viajar en un ambiente ingrávido y a velocidades superiores a los 10.000 km/h. Teniendo en cuenta todo esto, resulta casi sorprendente que los programas especiales soviéticos y norteamericanos solo hayan causado siete victimas conocidas: Vladimir Komarov, cuya capsula se estrello contra el suelo el 23 de abril de 1967; Gus Grissom, Ed White y Roger Shaffe, que murieron carbonizados durante una prueba el 27 de enero de 1967; y los tres astronautas soviéticos fallecidos en 1971 en el espacio, debido a un efecto de la capsula, cuando se disponían a regresar a la tierra. En realidad la cifra es mucho mayor si tenemos en cuenta a los que perecieron durante las pruebas de aviones, por ejemplo. Se ha insinuado, por otra parte, antes de que Yuri Gagarin triunfase en su vuelo espacial del 12 de abril de 1961, otros muchos astronautas rusos habrían muerto en el intento.
En los últimos años han surgido nuevas dificultades aun sin resolver, en especial las que se refieren a las largas permanencias del hombre en el espacio. Hasta el momento, los astronautas no han pasado más de dos semanas en el espacio, y todavía no se sabe si los cambios operados en el organismo humano durante los vuelos serán una seria traba para ulteriores exploraciones del sistema solar. El éxito del hombre dependerá del carácter reversible de estos cambios.
El peligro de lo desconocido
Casi todo lo que se sabe en el mundo occidental sobre medicina espacial procede de las experiencias de los astronautas norteamericanos; los rusos no han revelado casi nada de los cambios fisiológicos observados en sus astronautas. Sin embargo, fue un experimento soviético el que demostró por primera vez que un ser vivo podía sobrevivir en el espacio extraterrestre. Ya el lanzamiento del primer satélite artificial, el 4 de octubre de 1957, había constituido una sorpresa para el mundo entero: nadie sospechaba que los rusos hubiesen alcanzado tan alto nivel tecnológico.
La cuestión que surgió entonces fue la de la supervivencia del hombre en el espacio. La velocidad de lanzamiento de un satélite artificial es de unos 9.000 km/h, y todo lo que esta en el interior del aparato sufre, durante unos momentos, una aceleración tremenda. Este hecho hizo que numerosos científicos predijesen la imposibilidad de que un ser humano soportase tal ausencia de gravedad (por razones obvias, es imposible reproducir en la tierra un estado de ingravidez total; lo mas que se ha podido conseguir es un estado de no pesantez que dura pocos segundo, en un avión que recorre una curva especial).
Se descubrió que todo ser vivo en el espacio se ve sometido a fuertes radiaciones. El día y la noche dejan de tener su duración normal para el hombre, y esto, junto con la limitación de espacio, el ruido y la vibración de la capsula, podían provocar en el astronauta un estado de tensión y desorientación. Igualmente presentaban problemas el suministro de oxigeno necesario, la eliminación de dióxido de carbono y otros productos orgánicos. Pero el 3 noviembre de 1957 Rusia puso en orbita el Sputnik II con un perro a bordo. Por primera vez, un corazón latía en el espacio; la vida era posible en ese medio.
Los problemas que surgieron a partir de ese momento fueron tanto técnicos como médicos. El principal de los primeros era la creación de una capsula en la que pudiese viajar el hombre: pero se resolvió en seguida. En cuanto al aspecto medico, lo mas difícil era lograr la protección del astronauta a su regreso la atmósfera terrestre: el calor que se produciría entonces podría causar su muerte. Los rusos necesitaron casi tres años y medio para vencer esta dificultad, y no lo lograron hasta el 12 de abril de 1961, fecha en que Yuri Gagarin dio la vuelta a la tierra. Entonces se dijo que otro astronauta ruso, Ledovski, había muerto en el espacio pocas semanas después del lanzamiento del Sputnik II. Y hasta se añadió que en total eran nueve los rusos que habían muerto en igual situación.
El problema del regreso a la tierra se soluciono utilizando metales muy resistentes al calor y sistemas de refrigeración de la capsula e incluso de los trajes de los astronautas. El resultado fue que Yuri Gagarin atravesó la barrera de calor, descendió a la tierra, y salio de la capsula ”sin un rasguño” como dijo una agencia soviética de noticias.
Los norteamericanos quisieron ponerse a la misma altura, y en mayo de ese mismo año. Alan Shepard realizo un vuelo suborbital en el espacio. Solo duro quince minutos y alcanzo una velocidad de unos 2.500 km/h. Sin embargo, proporciono a los científicos occidentales los primeros datos médicos sobre el hombre en el espacio, que desde entonces no se han interrumpido.
Paseando por el espacio
Mientras tanto, Hermann Titov había establecido un nuevo record de permanencia en el espacio: veinticinco horas. Durante ese tiempo el astronauta ruso pudo dormir ocho horas, demostrando que la enloquecedora experiencia de ver amanecer cada noventa minutos no perturbaba el ritmo normal del organismo humano. Gordón Cooper probo que se podía permanecer más tiempo en el espacio: el 15 de mayo de 1963 viajo alrededor de la tierra durante treinta y cuatro horas, en el último vuelo de la serie Mercurio.
En los dos años siguientes los rusos atrajeron sobre si toda la atención. Valeri Bikovski logro un avance considerable al estudiar los efectos de la ingravidez prolongada durante un vuelo de cinco días, en junio de 1963. Simultáneamente una mujer realizo un vuelo espacial: Valentina Tereshkova, la primera astronauta. Cinco meses después se caso con toro cosmonauta ruso, y cuando nació la hija de ambos se confirmo la teoría de que el sistema reproductivo humano no era afectado por los vuelos espaciales.
En octubre del año siguiente 1964 Rusia lanzo tres hombres al espacio, uno de ellos medico, en una capsula espaciosa y con aire acondicionado y perfectas condiciones de presión interna. Los tres hombres que viajaban en Vosjod I llevaban trajes ligeros, con lo que quedo demostrado que no era preciso que los astronautas virtiesen los complicados trajes espaciales.
La serie de vuelos Geminis de 1965-66 demostró que tales cambios se producían pero que en general carecían de importancia. Durante el vuelo disminuía el número de glóbulos rojos de los astronautas. La presión y la circulación de la sangre también se veían alteradas; la densidad de los huesos disminuía ligeramente debido a una perdida de calcio y se producía una cierta atrofia muscular.
Todo esto parece alarmante; pero en realidad, los fallos eran tan ligeros que no tenían demasiada importancia, ya que quedaba garantizada la supervivencia durante los viajes y después de ellos. Además, estos cambios no se debían a influencias misteriosas y desconocidas del ambiente espacial, sino a la falta de gravedad y a la prolongada inactividad muscular. Se intento por tanto, remediar esto ultimo buscando formas sencillas de hacer ejercicio a pesar del reducido tamaño de la capsula espacial y de la ausencia de gravedad. Sin embargo, todavía no se ha logrado este objetivo. Los cinco astronautas estadounidenses, que en total han estado doce horas y veinticinco minutos paseando por el espacio, tuvieron que adelantar el fin de sus ejercicios en el exterior debido al calor y cansancio que ello les producía. Por ejemplo, Richard Gordon, cuando salio de la capsula Geminis XI, se sintió muy cansado al terminar su tarea; su pulso y su respiración llegaron a 180 y 40 por minuto respectivamente (lo normal en un adulto es 72 a 18 por minuto). Puede ser que la causa fuera el dióxido de carbono exhalado en la respiración, que tiende a quedarse retenido en el casco del traje espacial. Para evitarlo, los científicos esperan conseguir trajes y cascos espaciales mejor acondicionados y capsulas más amplias en las que se pueda hacer ejercicio con facilidad.
También el sueño de los astronautas plantea problemas. La excitación producida por el viaje y el cambio de la sucesión normal del día y la noche pueden producirles insomnio. Esto puede reducirse haciendo que los periodos de trabajo y de descanso coincidan aproximadamente con los horarios normales para todo el mundo.
Todavía hay muy pocos datos sobre los demás cambios fisiológicos, como la disminución de hematíes y la descalcificación de los huesos, y no se sabe si llegarán a ser factores limitativos en la conquista del espacio. Se calcula que pérdida de hematíes puede ser de un 10 por ciento después de cuatro días de viaje y de 20 por ciento después de ocho días, y que la descalcificación puede llegar a su grado máximo a los ocho días, desapareciendo a los catorce. Los médicos de la Nasa (Administración Nacional de Aeronáutica y Espacio) se muestran discretamente optimistas sobre la capacidad humana para resistir los largos viajes necesarios para explorar todo el sistema solar.
Si se tiene en cuenta el poco tiempo que se ha trabajado en investigación espacial, taeles resultados “prácticos” son importantes, y se espera que en los años próximos se conseguirán muchas más aplicaciones de la investigación espacial que beneficiarían a toda la humanidad.

