Las Relaciones Humanas

Written by Admin on August 20th, 2008

El hombre es un animal social que se siente atraído por los de su especie. Pero cuando las personas entran en contacto, cada una de ellas debe saber qué comportamiento ha de ser adoptado.

Cielo e infierno han sido considerados como formas de relación. “El infierno son los otros”, dice Jean Paul Sarte en su obra teatral A puerta cerrada; al hacer hablar así a uno de sus personales, proclama que lo único que está haciendo es seguir las huellas de otros muchos que trataron de reflejar el último grado de la infelicidad humanan. Por su parte, las visiones del cielo se centran en torno a la comunión con Dios y los santos. Aunque ni la felicidad ni el tormento se dan con mucha frecuencia en los intercambios sociales normales, es el deseo de una y el temor al otro lo que inviste a todas las transacciones sociales de un significado tan intenso.

Sentimiento de grupo y de identidad

Los seguidores de Sigmund Freud dirían que la capacidad de una persona para relacionarse con los demás, y el modo cómo lo hace, dependen de las primeras experiencias con sus padres. Dirían también que todas las relaciones están orientadas sexualmente.

Aunque pueda defenderse, esta opinión no es demasiado útil ya que no distingue entre las relaciones abiertamente sexuales y las que no lo son.

El impulso sexual, auque profundo, no es el único que induce a los seres humanos a relacionarse entre sí. Las personas tienen una serie de necesidades que sólo otras personas pueden satisfacer. Necesitan la seguridad y el apoyo que sólo es posible obtener en el seno del grupo. Esta necesidad, como lo son prácticamente todos los animales sociales o de grupo que se ayudan mutuamente a buscar alimento y a defenderse de sus enemigos. El grupo familiar es la unidad básica de la sociedad primate, y el hombre no es una excepción.

El individuo necesita también tener una imagen de sí mismo, un sentido de identidad. Para poder creer en ella, esta imagen debe ser aceptada, en alguna medida, por otras personas; debe ser convincente: el hombre que piensa que es Napoleón está aislado de toda relación humana, porque nadie puede aceptar la imagen que tiene de sí. En gran medida, la mayoría de nosotros sólo nos vemos a través de los ojos de otras personas, aunque como espejos desfiguren un tanto la imagen.

No sólo tenemos que hacer que nos acepten los demás, sino que su estima es importante para la que tengamos de nosotros mismos. Esta es la razón de que reconocimiento y la recompensa sociales sean quizá la mayor fuerza motivadora de los actos humanos.

Cómo se expresa una relación

La sociedad ofrece un cúmulo de normas para regular las relaciones, de modo que sus miembros puedan adoptar una serie de patrones apropiados que refuercen, en lugar de perjudicar la autoestimación. Cuanto menor sea el grado de intimidad y familiaridad, mayor será la necesidad de tales normas, y más importante para las personas desempeñar un papel o rol, como lo denominan los sociólogos. Las normas referentes a la cortesía y a la etiqueta son un ejemplo de tales defensas sociales. Son mucho más importantes entre extraños que entre amigos íntimos. Un amigo puede decirle a otro: “¡Cierra la boca; no tienes ni idea de lo que estás diciendo!” sin ofenderle, pero una observación semejante resultaría extraordinariamente ofensiva entre colegas en una reunión de trabajo. Una de las formas que tienen las personas de demostrar que su relación es íntima es la de hacer observaciones que en otras circunstancias serían insultantes.

Hay normas que regulan los temas de conversación adecuados en cada momento, desde la costumbre, hoy algo preferida de iniciar una conversación hablando del tiempo, hasta el hábito de preguntar por la familia del interlocutor. Estas normas son artificiosas y varían ampliamente entre las distintas culturas. En conjunto restringen, más que facilitan, la auténtica expresión de los sentimientos, o, por lo menos, los canalizan de modo que no hieran la autoestimación del interlocutor.

Toda forma conversacional encierra más significado de lo que las meras palabras puedan dar a entender; el tono, las pausas, la expresión de la voz dan a la palabra dimensiones que no pueden reproducirse en la letra impresa. La frase “¡De modo que así es como lo haces!” puede significar, según como se diga:”Le admiro inmensamente”, “Es usted un idiota que no vale para nada”, o ” Creo que su comportamiento es prácticamente criminal”.

Hay, desde luego, otras muchas formas de expresar una relación. El contacto corporal – estrecharse la mano, besarse, abrazarse- es una de ellas. Otra, la proximidad física, o la actitud: el hecho de que una persona permanezca sentada o se levante cuando entra otra en la habitación expresa el grado de confianza entre ambas. Los gestos –encogimiento de hombros, ademanes, saludos y las expresiones faciales sonrisas afirmaciones con la cabeza, entrecejos- constituyen parte de los modos como expresamos la relación como los demás.

Las personas no están, por supuesto, igualmente dotadas para transmitir a los demás lo que quieren significar, y el equívoco es una de las principales causas de que se rompa una relación. Pueden utilizar inadvertidamente palabras o expresiones del lenguaje gesto o posturas que molesten a la persona con quien trata de comunicarse.

Aprender las técnicas de relación

Las técnicas sociales se aprenden desde una edad muy temprana. El principal interés del niño es él mismo y sólo gradualmente aprende a adaptarse a otras personas y a sus exigencias. En gran medida, aprende imitando a sus padres y a otros mayores que estima importantes. Cuanto más gente conozca, más aptitudes sociales aprenderá. Por lo general, la competencia en las situaciones sociales aumenta con la edad, tendiendo las personas a relacionarse más con los individuos con quienes tratan más a menudo. Los maestros y líderes juveniles son más idóneos para tratar con los jóvenes, en tanto que los hombres de negocios aprenden a tratar con sus colegas.

Todos los seres humanos tienen una técnica social que difiere, poco a mucho, de la de los demás y que varía según la persona con quien estén tratando. Su enfoque dependerá, en parte de sus propias valoraciones del respeto que les inspira la clase, la inteligencia, la autoridad, etc. La mayoría de la gente reacciona de distinto modo ante personas del mismo y del sexo, ante los niños, los adolescentes o quienes consideran sus superiores. Incluso existen algunos grupos con los que la comunicación resulta casi imposible.

Hace muchos años, se definía al ” caballero” como el que no es grosero a menos que lo desee. Su comportamiento reflejaba los años de aprendizaje en los usos sociales de un joven de clase alta. Hoy día, en una época en que la educación social es menos rigurosa y más variada es menos disculpable el cometer errores accidentales o el destruir involuntariamente unas relaciones. Nuevos métodos enseñan a las personas cómo deben comportarse.

Existen cursos para entrevistadores, vendedores, etc., cuya función específica consiste, la mayoría de las veces, en enseñar a los cursillistas qué efectos tendrán sus actos sobre los demás. El magnetófono, o incluso un circuito cerrado de televisión les permiten darse cuenta de que, si bien sus palabras eran corteses, su comportamiento indicaba indiferencia y aburrimiento, o, lo que es peor, hostilidad y arrogancia. Más eficaz aún es el T-Group, en el que se educa la sensibilidad de un grupo, es decir, se hace tomar conciencia a sus miembros de las relaciones de otras personas ante su comportamiento.

Relaciones difíciles

Desgraciadamente, las personas no siempre son capaces de mantener unas relaciones saludables con los demás y es probable que expresen una hostilidad y rechazo deliberados. Quienes experimentan este tipo de relaciones tienden a desarrollar lo que se denomina mecanismos de defensa. Si alguien oye que critican su trabajo, puede replicar que quien critica no sabe de lo que habla; consecuencia su crítica no debe ser tomada en serio y no le afecta. Esta actitud es similar a la de quien duda de otro que es “un simple aficionado”. Tal estereotipación lleva a relacionarse con los otros más como cosas que como personas.

Otro mecanismo es desplazamiento donde las tensiones u hostilidad que no pueden expresarse en una relación se transfieren a otra. Así, un hombre que ha tenido que soportar una reprimenda de su jefe, chillará a sus hijos al llegar a casa, desplazando la hostilidad de la relación formal, en la que no puede hallar expresión, a otra en la puede expresarla.

La fantasía es quizás el refugio más utilizado para escapar de las exigencias impuestas por la relación real, puede adoptar la forma de ensoñaciones, o de verdaderos sueños, pero la mayoría de las veces se manifiesta como “juegos” que los individuos llevan a cabo entre sí para satisfacer necesidades mutuas.

Muchos, aunque no todos, de estos juegos no son realmente saludables, y algunos constituyen definitivamente, una muestra de desequilibrio; todos ellos proporcionan un sustitutivo de la auténtica comunicación. Sin embargo, actúan a veces a modo de válvula de seguridad. Eric Berne ha descrito uno de estos “juegos” típicos: una mujer puede culpar a su esposo por limitarla en sus actividades. Sugiere que, la esposa acaso esté encantada inconscientemente por tener una excusa para no hacer cosas que en el fondo teme, y su expresión “¡si no fuera por ti!” no pasa de ser un pretexto.

La mayoría de las persona definidas como “enfermos mentales” son de un modo u otro, incapaces de establecer relaciones. La esquizofrenia no es sino la imposibilidad de relacionarse con la realidad y se caracteriza por un aislamiento de las relaciones sociales. Los esquizofrénicos son incapaces de relacionarse con otras personas. En muchos casos parecen haber abandonado los lenguajes normales de la relación. Les resulta difícil mantener una conversación y tienden a no mirar a su interlocutor. Otra enfermedad mental, la paranoia caracterizada por una gran desconfianza de los demás y el convencimiento de que son hostiles, es claramente un fallo relacional. Los psicópatas son, por definición personas incapacitadas para establecer una relación; los demás simplemente no les interesan. Aunque algunos puedan tener una personalidad aparentemente atractiva, son incapaces de sentir amistad o amor, y frecuentemente tiene patrones de comportamiento delictivos. Por otro lado, los neuróticos son personas que se “condicionan” más fácilmente que otras, esto es, persona cuyas respuestas a las circunstancias son más intensas y duraderas. Es probable que la experiencia de una mala relación, con que todo el mundo tropieza en el proceso normal del desarrollo, les resulte más penosa que a otras personas. En consecuencia, tienden a padecer una aguda ansiedad y a centrarse en sí mismos, incapaces de relacionarse con los demás.

¿Cómo se puede definir entonces una verdadera relación? Sus dos rasgos característicos son la familiaridad y la importancia mutua que se atribuyen los individuos.

Madre e hijo, marido y mujer, la tripulación de un bote pesquero o de una misión Apolo: todas estas personas son importantes las unas con las otras y se manifiestan con una familiaridad que puede llamarse, en su sentido más profundo, intimidad. Tanto la “importancia” como la intimidad deben mantenerse en equilibrio. La “importancia” de la relación puede radicar en una de las partes, utilizándola para conseguir sus propios fines. La familiaridad, por otro lado, puede trocarse en desprecio o en indiferencia. Cuando sucede tal cosa, las relaciones tienden a destruirse, y en lugar de ser satisfactorias se hacen penosas.

Además de tender a establecer relaciones con quienes están en contacto frecuente y con quienes pueden ayudarles en sus proyectos, las personas las entablarán también con otras como ellas mismas. Se sienten principalmente atraídas por las de su misma edad, inteligencia, medio social, intereses y actitudes. Por otro lado, tienden a relacionarse con quienes les dan la impresión de gustarles y admirarles. Las personas extrovertidas, bien adaptadas, inteligentes y simpáticas serán las más populares.

Unas relaciones saludables dependen de la franqueza y confianza mutua, así como de la conciencia de dignidad e integridad de la otra parte. Cuando más abierta y confiada sea una persona, más vulnerable será a ser utilizada. Surge, así la tentación de refrenar las condiciones y acciones que son, precisamente, las más necesarias para una buena relación.

Probablemente, el mejor modo de establecer una relación es observar la propia conducta, tratar de valorar lo que uno dice y hace y el efecto que tendrá en la otra persona. La regla de oro es recordar que al otro extremo de toda relación hay un ser humano y no un estereotipo.

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