El Momento de la Muerte
Written by Admin on June 23rd, 2008La muerte es aun una parte inevitable del proceso de la vida. Pero, ¿Cuándo se puede decir que una persona ha muerto? ¿Basta para ello con que haya dejado de respirar? El miedo del hombre a morir
Hay pocos instintos que tengan una fuerza comparable al de autoconservación. Los hombres y mujeres luchan como tigres cuando ven que su vida esta amenazada y es raro que alguien acepte la muerte de buen grado.
El morir continua siendo el mayor sacrificio que puede hacer un hombre… y también uno de sus mayores temores.
El sentimiento de la muerte ha acompañado siempre a la humanidad y constituye uno de los ejes sobre el que gira el pensamiento del hombre. Algunos filósofos modernos se interesan por un concepto al que denominan ortotanasia. La base de este concepto estriba en que la muerte es inevitable y puede que conduzca a algo mejor que la vida terrenal; por tanto, el hombre debe acercarse a ella con el animo resignado y tranquilo, Naturalmente, la idea no es nueva; Sócrates decía a sus amigos, en el año 399 a.c. mientras esperaba la ejecución, que la muerte era el objetivo final de todos los filósofos.
En Estados Unidos existen personas que pagan considerables sumas de dinero con la esperanza de evitar la muerte. Disponen que sus cuerpos sean congelados inmediatamente después de morir, con la esperanza de que algún día, quizá dentro de cientos de años, la ciencia encontrara la forma de curar el proceso que causo su muerte y de volverlos a la vida. Dado que los conocimientos actuales indican que el cerebro de una persona sufre una degeneración irreversible a los pocos minutos de la privación de oxigeno, parece muy remota la posibilidad de revivir a alguien que no haya sido congelado de forma completa y profunda nada mas producirse el fallecimiento (lo cual es prácticamente irrealizable).
No es posible definir el instante exacto en que muere una persona. Excepto en raras ocasiones (por ejemplo, cuando alguien es destrozado por una explosión) la muerte no se produce en un solo momento. Con frecuencia un médico puede asegurar confidencialmente que un paciente estaba vivo al mediodía y muerto cinco minutos mas tarde; sin embargo, en la gran mayoría de los casos, seria ridículo que dijese que el paciente había muerto a las doce horas, dos minutos y treinta segundos. Un aserto de este tipo no tendría significado alguno.
Los signos de muerte
Siempre ha sido un problema difícil para los médicos el decir que una persona ha muerto cuando examinan a un suicida o a la victima de un accidente que acaba de traspasar el momento de la muerte. En tales circunstancias, todo lo que el medico puede hacer es esforzarse en revivir al paciente.
A los pocos minutos se hará evidente que no tiene objeto el continuar con las maniobras de reanimación. Cuando realmente se ha producido la muerte no volverán los latidos cardiacos ni los movimientos respiratorios, a pesar de los esfuerzos para restaurarlos; las pupilas de los ojos se hacen grandes y fijas; los músculos faciales se aflojan y, si el medico un oftalmoscopio para examinar los vasos sanguíneos de la retina (la pantalla existente en el fondo del ojo), podrá observar un curioso espasmo que solamente se presenta después de la muerte.
Libros antiguos que aun siguen circulando aconsejan a la gente que compruebe si una persona ha muerto o no colocando un espejo frente a los labios y viendo si se empaña. Muchas autoridades en la materia recomendaban colocar un vaso de agua sobre el pecho y ver si oscilaba en el techo la luz reflejada por el agua.
Estas ideas se abandonaron cuando se hizo evidente que se puede reanimar mediante la respiración artificial a personas que habían dejado de respirar. Aun se acepto, con carácter más o menos universal, que el paciente había muerto cuando se detenía el corazón.
En realidad, durante varios años la gente miro con espanto a las personas cuyo corazón había sido detenido artificialmente.
Enterrados vivos
En el otoño de 1969 ocurrió un caso impresionante. Una mujer de la que se creyó había tomado una sobredosis de medicamentos fue encontrada, aparentemente muerta, en una playa cercana a Liverpool. No se le encontraron pulso ni latidos cardiacos, ni parecía respirar; las pupilas estaban dilatadas y el cuerpo se encontraba frío.
Fue llevada al depósito de un hospital. Allí por suerte el anatomologo aprecio un débil signo de vida que, según los periódicos, consistió un movimiento de los parpados de la joven o en una lagrima que le corría por la mejilla. Se la traslado rápidamente a una unidad de cuidados intensivos y, después de varios días de tratamiento, recobro la conciencia.
Es evidente que esta mujer había sufrido lo que se llama un estado de animación suspendida, durante el cual continúan las funciones vitales, pero con una intensidad tan extremadamente baja que resultan casi indetectables por el observador. Casos de este tipo se conocen desde fechas muy remotas. No son raras las comunicaciones de presuntos cadáveres que se han sentado en el ataúd o, lo que es más alarmante, han golpeado la tapa pidiendo que se les dejara salir. En otro tiempo existió tal miedo a ser enterrado vivo que muchas personas incluían una cláusula en el testamento que estipulaba que les abrieran una arteria antes de ser enterradas. Incluso en la actualidad el médico se ve interrogado a veces sobre este procedimiento por los parientes.
En realidad, parece casi inconcebible que pueda despertarse alguien en el interior de un ataúd enterrado, en el cual apenas existe aire para mantener la vida durante unos minutos. En los países mas fríos del mundo se suele dejar transcurrir unos días entre la fecha de la muerte y la del entierro, de forma que cualquiera fuese a revivir de un estado de animación suspendida lo hiciera mucho antes del momento del funeral. Sin embargo, el hecho de que de vez en cuando se haga un diagnostico erróneo de muerte, confirma que es imposible definir el momento exacto en que esta tiene lugar.
Los tejidos vivos de un cadáver
Una persona puede estar muerta y, sin embargo, permanecer vivos ciertos órganos o tejidos de su cuerpo. Durante algún tiempo puede producirse una reacción frente a diferentes estímulos, tales como el shock eléctrico. Si se extirpa del cuerpo el corazón de una rana este puede continuar vivo y latiendo mucho después de morir el animal. Incluso el corazón de un hombre condenado a morir en la hora suele seguir latiendo durante un cierto tiempo, que varia entre un minuto y media hora después de la ejecución, aunque se acostumbra a decir que la muerte es instantánea.
Las operaciones de trasplante son posibles porque los órganos a trasplantar permanecen vivos al sacarlos del cuerpo del donante.
Dichos órganos deben extirparse del cuerpo y colocarse en un medio en el que obtengan oxigeno, alimentos y agua, si no se quiere que mueran también rápidamente.
Los órganos para trasplante tienen que ser extirpados con gran rapidez después de producida la muerte. Dado que es imposible definir el momento exacto de esta, el medico se encuentra ante un dilema importante.
El cuerpo muerto
¿Qué cambios se producen una vez que ha ocurrido la muerte? Dentro de la primera o segunda hora la piel adquiere aspecto céreo y pierde la elasticidad. Unas horas mas tarde surgen las livideces, una coloración azulada o verdosa similar a la que aparece después de un magullamiento, en las partes sobre las que descansa el cuerpo. La localización de las livideces puede indicar al anatomopatologo si se ha movido el cuerpo después de la muerte. Por ejemplo, si aparecen en la espalda de un cadáver que yace boca abajo, ello quiere decir que se le ha dado la vuelta.
La señal más segura para determinar el momento de la muerte se basa en la temperatura del cuerpo, que comienza a decaer inmediatamente después del fallecimiento.
El forense que intenta establecer las circunstancias de la muerte de una persona cuenta con unas tablas de temperaturas aplicables en los distintos casos (cadáveres hallados en agua corriente, en el mar, etc.), con las que puede calcular con cierta seguridad el momento en que aquella ha tenido lugar.
Los cambios que, finalmente tienen lugar en el cuerpo son debidos a la descomposición, que puede conducir a que el cadáver se vea reducido a su esqueleto. El primer signo de putrefacción suele ser una mancha verdosa en la parte inferior del abdomen, que se presenta a los dos o tres días de la muerte. La rapidez de la descomposición varia, dependiendo de muchas circunstancias por ejemplo, hay casos de cuerpos que cayeron en una turbera donde se conservaron durante siglos. El aire caliente y seco de los desiertos favorece también una momificación natural y prolongada.
El miedo a morir
Para evitar la descomposición, existen muchas personas en los Estados Unidos y en otros países que disponen que sus cuerpos sean embalsamados. Es difícil encontrar una razón logia que justifique estas técnicas, ya que en las células del sistema nervioso se producen alteraciones irreversibles a los pocos minutos de dejar de recibir el aporte de sangre. Por tanto, no existe esperanza de que una persona embalsamada pueda ser resucitada en los siglos futuros, aunque se consigan avances enormes en las ciencias medicas.
Es probable que la razón principal de los embalsamientos se encuentre en un miedo instintivo a la muerte, y a todo lo que se relaciona con ella.
Este miedo es innecesario en su mayor parte. Muchas personas se imaginan que la muerte es una agonía terrible. Sin embargo, después de muchas experiencias los médicos parecen de acuerdo en las cosas no suelen suceder así. La inmensa mayoría de la raza humana abandona esta vida en estado de inconsciencia, o muere tan rápidamente que es evidente que no ha podido sentir mucho dolor ni tener grandes sufrimientos. En una minoría de los casos es verdad que se sufre en los días o semanas anteriores a la muerte, pero para esas personas, el morir solo significa una feliz liberación. Por tanto, sea como sea la muerte, es algo a lo que la humanidad no debería temer tanto.
