El Lider

Written by Admin on September 1st, 2008

¿Qué es lo que otorga a una persona su condición de líder? Es preciso distinguir varios tipos de liderazgo y seguir su evolución histórica para poder llegar a un correcto enfoque de cuestión.

En las relaciones entre personas es frecuente que una de ellas aparezca en posición dominante, bien porque ostente una posición de poder, bien porque consiga en un momento dado imponer su visión de las cosas, su opinión o sus preferencias. Esto es particularmente patente en la dinámica de las relaciones entre los individuos que componen un grupo. En la medida en que debe mantenerse una cohesión en torno a unos objetivos comunes, en todo grupo tiende a aparecer un individuo o un grupo de individuos que formulan dichos objetivos, organizan al grupo en torno a ellos y en algunos casos llegan a identificarse plenamente con dichos objetivos. Este o estos individuos son considerados como los líderes del grupo. Un ejemplo de la importancia de la definición de fines para la cohesión de la acción de un grupo se encuentra en el movimiento sufragista que consiguió desarrollar una actividad importante y eficaz hasta conseguir su objetivo inmediato la concesión del voto a las mujeres, pero perdió impulso hasta que una comprensión más clara de los objetivos subyacentes a la actividad reivindicativa llevó a dirigir la lucha desde el punto de vista, más general, de la emancipación de la mujer.

Los líderes ostentan un poder sobre la conducta de los miembros del grupo que pueden variar desde una simple influencia, en el caso de los líderes de opinión, hasta el poder absoluto de algunos líderes políticos.

Sin embargo, en la mayoría de los casos, lo esencial de la actuación del líder y las bases de su poder se encuentran en las funciones que desempeña, que en alguna medida son importantes para el grupo o son percibidas como tales por éste. No es necesario, para que un líder tenga una influencia muy importante, que desempeñe un cargo que implique un poder directo, muchos líderes religiosos gozan de un gran poder en determinadas materia que en gran medida está basado en una aceptación por parte de aquellos a los que va dirigido sin que existan, en muchos casos, medios de coerción que garanticen el ejercicio de este poder. No ocurría lo mismo en otras épocas históricas en las cuales el ejercicio del poder, incluso en el terreno religioso, estaba totalmente apoyado en la coerción. Aun hoy en algunos países existe de hecho una represión contra determinadas formas de conducta cuya condena sólo puede justificarse por motivos religiosos. Si bien es necesario que en cada momento una o varis personas asuman las funciones que el grupo necesita realizar para subsistir, el adscribir estas funciones a una persona determinada configurándola como líder no es en absoluto inevitable. Los resultados de algunos experimentos sociológicos, como la experiencia de determinadas situaciones de organización de tareas colectivas, demuestran que un liderazgo autoritario no es indispensable para la obtención de una eficacia determinada en la realización de los fines que el grupo se propone.

El liderazgo natural

En las sociedades fuertemente jerarquizadas, como la sociedad occidental, la ideología dominante tiende a presentar el liderazgo como un fenómeno natural, cuyas raíces se encuentran incluso en la conducta animal. Así se proporcionan ejemplos de liderazgo natural en la conducta de las gallinas en el gallinero, en el cual el individuo A picotea al individuo B, el cual adopta una actitud defensiva y de sumisión frente a A, pero en cambio picotea al individuo C, el cual adopta una actitud defensiva frente a B, etc. Del mismo modo se describe la conducta de los monos superiores en términos de dominación –sumisión. Esta explicación de la conducta humana mediante ejemplos de la conducta animal, cuidadosamente seleccionados y que también se ha presentado como fundamento de una pretendida agresividad del hombre y un pretendido sentido innato de la propiedad, basados ambos en la noción de territorio que puede observarse en la conducta de alguno animales, carece de fundamento. Esta actitud se extendido incluso a la sociología, que ha pretendido equipar todas las situaciones de dominio para entresacar de ellas la figura del líder como tipo sociológico. En realidad, si bien en las culturas primitivas se dan situaciones de dominio, el liderazgo es, o bien inexistente, o bien circunstancial. En algunas tribus, como las de los fang o de los bateké de África ecuatorial, no existe en su lengua un término para traducir la palabra jefe. En cualquier momento un individuo determinado puede resultar vencedor en un competición oratoria, pero esto no significa que la facultad para decidir quede adscrita a dicho individuo de forma permanente. En los antiguos germanos no existían jefes en tiempos de paz y sólo se elegían en tiempo de guerra y para el tiempo que durase ésta. Del mismo modo, entre los iroqueses, tribus que habitaban América del Norte, la autoridad del “sachem” o jefe era meramente moral durante los períodos de paz.

Si bien en última instancia el origen de todo liderazgo se encuentra en el poder, el ejercicio de este poder no basta para configurar la actuación del líder. Una persona actúa como líder de otros no solamente por ejercer sobre ellos un determinado poder, sino por ser dicho poder aceptado en alguna medida por sus seguidores. Por lo tanto, determinadas formas de autoridad tales como las de dirección de procesos de trabajo, la de un profesor sobre sus alumnos, etc., no responden a la definición estricta del liderazgo. Los sistemas a través de los cuales el poder puede presentarse como legítimo a los ojos de los seguidores del líder pueden ser varios El líder puede obtener su autoridad de la costumbre o la tradición. En este caso, el liderazgo viene sancionado por prácticas sociales que se perpetúan a lo largo del tiempo sin que en el momento de la institución del liderazgo se ponga en cuestión la legitimidad del líder, siempre y cuando éste se ajuste a determinadas normas establecidas de antemano. Este tipo de liderazgo es el que predomina en las sociedades primitivas y encuentra su expresión hoy en día en las monarquías de derecho divino. Incluso en aquellos casos en que se hayan sobrepuesto a la tradición otras formas de legitimación. El rey Hussein de Jordania, monarca constitucional, cuenta sin embargo como una de las bases esenciales de su poder con la adhesión, por motivos de tipo tradicional, de las tribus beduinas. Cuando el liderazgo es básicamente tradicional, puede incluso no tener demasiada importancia el que las cualidades del líder efectivo coincidan o no con las que se espera que debería poseer de acuerdo con las funciones que se verá llamado a ejercer. Un ejemplo particularmente ilustrativo de esta situación fue el del monarca Jorge III de Inglaterra, que reinó casi sesenta años a pesar de encontrarse mentalmente perturbado, hasta el punto de que se cuenta que en cierta ocasión confundió un árbol del parque de Windsor con el embajador de Prusia, saludándole efusivamente.

La legitimación a través de la tradición pierde importancia en las sociedades más evolucionadas para verse sustituida por otras formas de adhesión que pretenden basarse en reglas legales aceptadas por los seguidores. En sustancias, el líder recibe aquí su poder en virtud de una delegación de éste por parte de sus seguidores. La forma más depurada de este tipo de legitimación viene dada por el sistema democrático, en el cual aparece claramente establecido el mecanismo de legitimación.

Líderes carismáticos

En determinados momentos de crisis, pueden surgir líderes que no obtienen su legitimidad ni de la tradición ni de la legalidad existente, sino de la creencia por parte de sus seguidores en las cualidades excepcionales de su liderazgo. Puede ocurrir que este tipo de líderes, que el sociólogo alemán Weber llama carismáticos, cuenten en un principio con muy escaso poder efectivo. Pero también puede darse en casos como el de Gandhi, cuya influencia sobre el movimiento de liberación de la India fue más bien ideológica.

Los tipos de liderazgo analizados hasta ahora tienen poco que ver con el concepto de líder que suele utilizarse para describir la dinámica social de los grupos pequeños. En dichos grupos, lo que tiene una influencia decisiva son las cualidades personales del líder por cuanto su mayor dinamismo, su superior información o su mayor sensibilidad frente a las pautas sociales le permiten encabezar u orientar las actividades del grupo en uno u otro sentido. No obstante, el tipo de liderazgo más importante, el que recibe una mayor atención por parte de la opinión pública y el que tiene una mayor trascendencia para la vida social, es el líder político. En su caso, su poder estará forzosamente referido a las estructura básicas de poder de la sociedad, es decir, aquellas que configuran el predominio y por lo tanto sus intereses básicos sobre el conjunto sobre el conjunto de la sociedad. En este sentido, el líder actuará siempre como un agente del grupo dominante, cuyos intereses contribuirá a unificar y a formular de una forma coherente. Esto no quiere decir que su papel no sea importante. Su misión consiste precisamente en proporcionas una formulación determinada a los objetivos del grupo social que sólo a través de él pueden adquirir una expresión concreta. En muchos casos, el líder debe aparecer como unificador de la sociedad, lo cual puede llevar a que su política aparezca, superficialmente, en contradicción con los intereses del grupo social que representa. Este puede haber sido, por ejemplo, el caso Franklin D. Roosevelt, que, durante la gran depresión que siguió a la crisis de 1929, encabezó un movimiento de reforma conocido por New Deal que propugnaba la intervención del Estado en la economía, especialmente mediante la ejecución de grandes obras públicas, en aparente contradicción con la ideología del grupo social dominante en los Estados Unidos, es decir, la burguesía. Esta política iba a permitir superar las consecuencias de la crisis y adaptar la economía norteamericana a las nuevas exigencias de la situación mundial, resultado de lo cual ha sido la hegemonía economía norteamericana. Ahora bien, en la medida en que el líder es aceptado como tal, sus ideas proceden siempre de la racionalización de los intereses del grupo que representa y sólo si consigue formular dichos intereses en una forma coherente con las necesidades de la situación, conseguirá mantener su liderazgo.

Normalmente, ya que la dominación de una clase sobre la sociedad se ejerce a través del Estado y se expresa en la legalidad vigente, el liderazgo político suele estar basado en términos de tradición o de legalidad. Sin embargo, en determinados períodos de crisis en los cuales la clase dominante, o bien aquella que aspira al poder, se ven obligadas a rechazar la legalidad vigente, aparece el líder carismático, que encarna una nueva legalidad que muchas veces está formulada confusamente, pero que responde siempre en alguna medida a los cambios que se ha producido en las condiciones de ejercicio del poder. Estos líderes crean un nuevo tipo de legitimación, que al principio suele estar referido únicamente a su persona y a veces perdura más allá de su muerte sin adquirir una expresión legal nueva. Es frecuente que el liderazgo en estas condiciones sea manipulado y mitificado de acuerdo con los intereses de sus seguidores e incluso en contra de dichos intereses. Ocurre con frecuencia que un tipo de líder enfrentado con los valores establecidos es utilizado por los grupos sociales interesados en el mantenimiento del statu quo. La figura del revolucionario perseguido en vida encarnizadamente por la clase dominante y transformado después de su muerte en una figura mítica, mediante la tergiversación de sus motivaciones y de su actuación, es familiar. Tanto en un sentido como en otro, el atribuir una influencia excesiva al líder en el desarrollo de los acontecimientos históricos, es erróneo. La historia, que antiguamente venía a ser el entremezclamiento de biografías de personajes ilustres, ha pasado a ser el estudio de fuerzas sociales más profundas cuyos protagonistas son grupos sociales y que solamente en algunos casos pueden verse representados por un individuo aislado. Son esas fuerzas sociales los verdaderos sujetos de la historia. El líder podrá imprimir un carácter determinado al desarrollo de los acontecimientos, pero sólo en la medida en que se haga portavoz de otras fuerzas que determinarán en última instancia el curso de la historia. El error de atribuir a los individuos una importancia excesiva en el desarrollo histórico no ha sido cometido únicamente por las clases dominantes, sino también por grupos disidentes que veían en el asesinato de líderes de la clase dominante un medio eficaz para socavar el poder de ésta.

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